Saborea su café cortado sin azúcar como Dale Cooper en Twin Peaks. Se lo comento y reímos a carcajadas recordando la serie. Las dos somos demasiado jóvenes para haberla visto cuando se estrenó, allá por principios de los 90, pero sabemos lo importante que fue para muchas generaciones, también para la nuestra, que según los «expertos» hemos de llamar ‘Z’. «Nos tratan de agrupar en generaciones para vendernos móviles y servicios que no necesitamos hasta que los empezamos a usar: entonces se convierten en imprescindibles».
Así es Alicia Z, nombre en clave de esta mujer de 25 años que se convierte hoy en nuestra interlocutora para hablar del problema de la vivienda. Ella misma escoge ese «apellido» en honor a «su» generación, esa con la que comparte bares, estudios y primeras experiencias laborales pero con la que no siente especial vinculación: «estoy harta de la guerra de generaciones que se plantea mediáticamente para tenernos entretenidos mientras el mundo gira en otra dirección muy diferente: ahora nos hacen creer que nuestros enemigos son los jubilados por las ventajas que han tenido con respecto a nosotros en aspectos como la propia vivienda. Quieren, por supuesto, que nos peleémos entre nosotros, mientras los verdaderos culpables sonríen entre bastidores».
¿Y quiénes son los «verdaderos» culpables del problema de la vivienda? «Todos menos yo», contesta Alicia con una carcajada, para después ponerse seria. «Desde luego, no estoy en posición de señalar a uno u otro colectivo, creo que todos sabemos quién está obteniendo un beneficio del ‘problema de la vivienda’ y quién no. Por lo tanto, la respuesta a esta pregunta es la misma que ante cualquier otro problema social: quien esté sacando tajada del problema, es culpable».
¿Y tú, cómo te las arreglas con la casa? ¿Alquiler, ahorras, compras? «No quiero comprar una casa: incluso en el hipotético caso de que pudiera comprarla, no lo haría. No entiendo la necesidad que tiene una persona de comprar unos cuántos metros cuadrados para vivir en ellos el resto de su vida como si fuera un tesoro. Nos han convencido, entre todos, de que tener una casa en propiedad es ‘lo máximo’, como tener un buen trabajo fijo y demás. Pero nos pasamos la vida luchando por unos metros cuadrados y un trabajo de mierda. Así hasta morir. Esa no es vida. No es la vida que quiero y no entiendo bien cómo son tantas personas las que viven en esa trampa. Parecen ratones en una jaula dando vueltas en una rueda».
‘La angustia no termina nunca, pero se dispara cuando vives de espaldas a tus principios’
Alguien podría decir que estas reflexiones son fruto de tu juventud, y que en unos años también estarás hipotecada como todo hijo de vecino… que se lo pueda permitir, claro. «No lo sé, no puedo adivinar el futuro, pero no quiero pasarme los próximos diez años luchando por poseer unos metros cuadrados, eso te lo aseguro. Y también te aseguro que conozco a personas de otras generaciones, no tan jóvenes, que opinan igual que yo y actúan en consecuencia… aunque no sean comprendidos en su entorno».
¿Así que tampoco te sacas una oposición? «No, sé que parezco trastornada, pero no. Podría y no quiero. No he venido a este mundo para pasarme 35 años haciendo lo mismo, por muy interesante que sea». Pero una buena parte de la gente que se saca una oposición lo hace, ya sabes, por la tranquilidad, el sueldo fijo, la hipoteca… Alicia Z sonríe: «Pretenden que nos levantemos por la mañana angustiados por no tener casa en propiedad ni trabajo fijo. Pero nadie les dice que seguirán angustiados cuando consigan su pisito y su plaza de funcionario. La angustia no termina nunca, pero se hace insoportable cuando vives de espaldas a tus principios. O peor aún, cuando no recuerdas ni tus propios principios».
¿Así que has decidido bajarte de la rueda y salir de la jaula para ver qué pasa ahí fuera? «Sí, eso hago, fíjate que ni siquiera tengo perro». Y Alicia Z vuelve a sonreír mientras termina su café como si estuviera en la Doble R.



