«El lugar donde nacen tus mejores recuerdos». Creo que ese fue el eslogan que aparecía en el dossier de nuestra promoción inmobiliaria, antes de que se empezara a construir. Por aquel entonces, mi futuro marido y yo todavía estábamos solteros y no teníamos hijos. Eran otros tiempos, los pisos no estaban tan caros como ahora, pero, desde luego, no los regalaban y nosotros andábamos bastante justos. Pero la promesa de un piso en propiedad en una urbanización de un barrio nuevo en Madrid nos sedujo hasta el punto de sacrificar muchas cosas por conseguirlo.
Han pasado quince años de aquella época, cuando Andrés y yo nos lanzamos a la piscina de comprar casa en una urbanización. Porque, por supuesto, aquella promoción incluía diversas zonas comunes, entre ellas, la piscina, unas suerte de lujo para nosotros que veníamos de un lugar en el que solo los «ricos» tenían piscina propia. Pero en cuanto nos entregaran la casa, mi futuro marido y yo ya no íbamos a tener que acudir a la piscina municipal para hacer unos largos: podíamos hacerlo a la puerta de casa. ¡Qué lujo!
Y así fue como empezaron a fabricarse los mejores anhelos, que esperábamos, también, fueran los mejores recuerdos. Pero la vida está muy lejos de ser como la de un eslogan, sobre todo cuando hablamos de pisos y casas. Me llamo Julia. Y esta es la historia de mi vida en la urba. Porque aquí todos la llaman así, incluso yo. ¡Quién me lo iba a decir hace 15 años!
Continuará…



