Cuando el pasado mes de septiembre Vladimir Putin y Xi Xiping fueron captados hablando de la inmortalidad y de vivir hasta los 150 años, muchos se echaron las manos a la cabeza: «los líderes políticos están cada vez peor de la cabeza».
Puede que sea cierto y la enajenación consustancial al ejercicio del poder absoluto haya alcanzado su cenit en el siglo XXI «neronizando» a todo político relevante de una cierta edad, pero el hecho es que la promesa de una vida mucho más larga de lo que teníamos asumido (llegando a hablarse, incluso, de inmortalidad) se ha convertido en tendencia, primero psicológica (el delirio irracional y egoísta de vivir para siempre) y, por supuesto, también comercial: el sector de la longevidad proyecta alcanzar los 27.000 millones de dólares en 2030.
Y allí donde hay negocio emergente está el mercado inmobiliario ideando sinergias infalibles: en este caso, servicios de longevidad personalizados y exclusivos integrados en viviendas de lujo. Un complejo urbanístico en el neoyorquino barrio de Chelsea es el pionero en esta combinación de servicios de longevity y living que aspira a convertirse en tendencia.
‘El delirio de la vida eterna viene acompañado de frenesí inversor’

Puede que las personas mayores chocheen, huelan mal y escupan al hablar, pero un agente inmobiliario está dispuesto a nadar entre esputo si su cliente es un jubilado de oro con un buen número de propiedades y varias cifras en su cuenta corriente.
Mantener ad aeternum ese flujo de negocio que ofrece la clientela senior premium es una prioridad para diversos sectores que viven de exprimirla, incluyendo, por supuesto, el inmobiliario: «no solo es importante que se mantengan vivos para seguir pagando, sino también que crean que van a vivir indefinidamente», indica Penélope Pedraza, ejecutiva de cuentas de Immortal Properties. «El delirio de la vida eterna suele venir acompañado de frenesí inversor y consumista: nosotros estamos ahí para guiar la experiencia de ese delirio octogenario».
Una fisura en este plan de inmortalidad para quien se la pueda pagar es la jubilación: «¿Serán también inmortales las jubilaciones?«, preguntamos al catedrático de economía comparada de la Universidad Pontificia de todos los Santos Heliberto Porto: «sin problemas, seguiremos contratando inmigrantes, África está a reventar de gente, ellos también trabajarán por nosotros para siempre».
Una máquina de resonancia magnética junto a la piscina infinita

¿Y qué piden en sus casas de lujo los aspirantes a inmortalidad? «Nuestros clientes prime ya no solo piden piscinas e hidromasaje, madera noble y chimenea, sino también acceso exclusivo y personal a servicios de longevidad: es tendencia instalar una máquina de resonancia magnética junto a la piscina infinita que, por cierto, como su nombre indica, es no finita, ergo, inmortal».
Además de máquinas y tratamientos de longevidad de uso personal, las nuevas urbanizaciones para octogenarios millonarios enajenados contarán con zonas comunes dedicadas a compartir servicios diseñados específicamente para longevos: «Todos nuestros proyectos inmobiliarios cuentan con pequeños centros comerciales exclusivos cuyas tiendas ofrecen todo tipo de servicios de longevidad: desde la inoculación de hormonas para potenciar la vida sexual más allá de los 120 años hasta la clonación en bucle de mascotas para que les laman los genitales a perpetuidad».
Pese a que es una buena noticia para el inmobiliario que los millonarios no mueran nunca, nos preguntamos cómo podría el planeta soportar una carga demográfica tan intensa si una parte de la población no muere jamás. La multipremiada genetista y tiktokera Hoa Phạm Đặng Đỗ Bùi celebra que algunas personas puedan vivir para siempre, siempre y cuando donen dinero a la ciencia: «no hay ningún problema para el planeta si los que viven para siempre son los principales inversores en nuestro tinglado científico. De lo que se trata es de que vayan muriendo los que no donan dinero a la ciencia, esos que vayan dejando sitio, sí».



