Pregunta: Hola Ladrillo Verde. Quería preguntaros acerca de un grave problema que tengo con un vecino. Soy propietaria de un piso en una calle céntrica de València. Vivo aquí desde hace ocho años y he visto pasar por mi planta a bastantes vecinos de diferente perfil, ya que en este edificio abunda el alquiler. Ha habido de todo, familias con niños, jóvenes profesionales, estudiantes, etc. Pero hasta ahora nunca me había encontrado con un caso como este. Se trata de una persona a la cual todavía no he logrado ver físicamente. Sé que vive alguien, porque oigo como se abre la puerta, pero nunca la he podido cazar mirando por la mirilla. Parece esquivo (o esquiva) y tengo la impresión de que oculta algo. Pero lo peor de todo es que no hace nada de ruido. Nunca. Ni arrastrar las sillas, ni reguetón, ni insultar al árbitro, ni aspiradora los domingos. Ni siquiera se oye el ladrido de un perro. Y eso sí que ya no es normal. Yo tengo tres y los tengo todo el día ladrando, que para eso están. Se da la circunstancia de que soy muy sensible al silencio. Yo misma hago todo el ruido que puedo, incluso durmiendo, porque ronco como una hormigonera repleta de yunques. Incluso a veces dejo la televisión encendida mientras no estoy en casa para amenizar mi ausencia a los vecinos. Por eso, este vecino (o vecina) me saca de quicio. He estado a punto de llamar a la policía varias veces, por si es un terrorista y está diseñando algún tipo de bomba atómica. Ya no aguanto más tanta calma tensa, tanta quietud, tanta armonía. ¿Podría denunciarlo por exceso de silencio?
Esther Zurriaga, abogada experta en vivienda y derecho inmobiliario, responde: Cada vez es más habitual que nos lleguen este tipo de consultas a nuestro despacho. Vecinos aterrados ante la falta de ruido de un vecino. Alguno, tenemos constancia, se llega a levantar sobresaltado a medianoche porque no oye nada a su alrededor. No obstante, y a pesar de que la inquietud por exceso de silencio es perfectamente comprensible, la jurisprudencia, a día de hoy, no ofrece suficientes alternativas para abordar una denuncia con garantía de éxito. Se podría apelar al artículo 267 de la sección 324 del capítulo XL de la Ley de Bienestar Animal en la que se exige a todo ciudadano de bien que tenga en su casa, como mínimo, un perro ladrando. Pero hay que tener en cuenta que esta ley está parcialmente en suspenso por la falta de reglamentos específicos y lo más probable es que, si usted solo se basa en la ausencia de perro ladrando en la casa de su vecino, la denuncia fuera desestimada. Otra opción sería apelar a la Ley de Persona Sospechosa: contiene una disposición transitoria en la que se indica que si un individuo es excesivamente huraño y/o no hace barrio podría estar incurriendo en una falta leve de incorrección política. Sin embargo, aunque el vecino sufriera una sanción administrativa, no hay garantía de que se vea obligado a empezar hacer ruido para dejar tranquilos a sus vecinos. Así que lo que recomiendo es que tenga paciencia, que haga usted el mayor ruido posible, como hasta ahora: probablemente el vecino o vecina salga de su aislamiento en algún momento para responder a su ruido con más ruido, que es lo lógico en la convivencia vecinal. Mucho ánimo.



