«Qué va tío, es que no hay nada», señala Tarzán, mientras su madre niega con la cabeza. «Llevábamos más de 40 años buscando piso en Alcobendas», prosigue Tarzán, «y siempre ha sido jodido alquilar una casa en esta zona, pero nos íbamos arreglando. Y si no, siempre se podía okupar algo, pero de buen rollo, casas vacías, que nadie quería, ni sus propietarios. Pero es que ahora hasta por un cuchitril que no okuparíamos ni por vergüenza nos piden 1.400 pavos. ¿Pero esta mierda qué es?».
La madre de Tarzán, incombustible después de cuatro décadas, trata de contener las lágrimas. «Mira, chica, después de llegar de la selva africana, Alcobendas fue un gran cambio para nosotros, pero los alcobendenses nos acogieron súper bien. Ten en cuenta que mi hijo tiene sus costumbres, siempre va medio desnudo y salta de una farola a otra como si fuera un puto mono, pero es un cacho de pan, solo hay que verlo».
«Pero desde hace un par de años lo de buscar piso en Alcobendas, como dice mi hijo, se ha puesto imposible. Si esto parece TriBeCA, joder. El otro día fuimos a ver un piso, y la de la agencia nos pidió un seguro de impago, dos o tres avales, una fianza de 10 meses por adelantado, la vida laboral y las tres últimas nóminas. Pero, ¡qué cojones de nóminas y vida laboral, si somos Tarzán y su puta madre!».
¿Y qué vais a hacer ahora? «Pues dejamos de buscar piso en Alcobendas y probaremos en San Lorenzo de la Parrilla, provincia de Cuenca. Me comenta mi prima Paqui que a lo mejor podemos alquilar una casa de adobe medio derruida por 1.000 euros. Que la única garantía que pide el propietario es que Tarzán no se cuelgue del techo porque igual cae. Y si no hay suerte, volvemos a la selva, aunque tampoco será fácil allí porque los gorilas se han sindicado».



