«El zombi suele tender a la izquierda», dice el politólogo y tiktokero DR3Pro, «mientras que el vampiro es más de la derecha». En unas elecciones tan reñidas como las que se celebrarán el 29-N, cada voto cuenta y por eso los principales partidos políticos bregarán por llevarse los votos de estos colectivos que cada vez tienen más peso en nuestra sociedad.
En este sentido, el Partido Izquierdo ha hecho un guiño a los zombis en su programa electoral al incluir la posibilidad de legalizar el canibalismo, «pero solo en situaciones excepcionales». Fuentes del PI aseguran que esas situaciones excepcionales podrían ser, efectivamente, «la acuciante necesidad de ingerir carne humana para sobrevivir». «No obstante», se apresuran a aclarar desde el Partido Izquierdo, «se trataría de carne humana conseguida por métodos sustentables bajo el sello CJCH (Comercio Justo de Carne Humana)».
El Partido Más Izquierdo va mucho más allá en su apuesta por el voto zombi. «Que coman rentistas», espeta Lucas Cora, «no solo estamos alimentando al colectivo zombi, que tiene sus necesidades especiales, sino que estamos contribuyendo a solventar el problema de la vivienda».
‘Los vampiros son grandes tenedores: votarán conservador’
Por su parte, los partidos derechos están poniendo el ojo en el colectivo vampiro. Elegantes, incombustibles e insaciables, su estilo de vida conservador les sitúa como un buen caladero de votos tanto para el Partido Derecho como para el Partido Más Derecho. «Buena parte de los vampiros son grandes tenedores. Ten en cuenta que llevan acumulando propiedades desde la guerra de resistencia de Valaquia contra el Imperio Otomano«, señala DR3Pro.
«Además, tienen una verdadera obsesión por el rojo como buena parte de los votantes derechos», sugiere el tiktokero y politólogo. «De hecho, aunque no hay pruebas concluyentes, se dice que varios de los miembros de la lista del Partido Más Derecho podrían ser, en realidad, vampiros. Suelen evitar los espejos, solo salen de noche y tienen los colmillos más largos de lo normal. Ahora bien, aún no los hemos visto hincando el diente a una yugular, al menos no literalmente».



