«Los arquitectos no estamos fuera de la realidad, al contrario, nosotros construimos realidades para la gente». Así de tajante se muestra Brendan Wonderer acerca de la labor social del arquitecto, a menudo acusado de ensimismamiento, de vivir al margen de los verdaderos problemas de la sociedad.
«Estoy totalmente al corriente de los problemas de la sociedad actual, las revueltas rurales, el problema de la servidumbre, las hambrunas, el hacinamiento, sufro cada día por los campesinos que viven asfixiados por los señores feudales. No es fácil mantener sus minifundios y, además, pagar el diezmo. Esa no es vida. Sufro mucho por ellos. A veces me despierto cubierto de lágrimas y empapado en sudor. Entonces me voy corriendo a la mesa de diseño para crear, es lo único que me alivia. Bueno, antes me suelo hacer un té matcha y una tostada de aguacate, un poco de yoga y pasear al perro. Luego voy al gimnasio, leo el email. Atiendo algunas llamadas. Luego ya, sí, después de todo eso, entonces sí, me voy a corriendo a la mesa de diseño».
¿Y qué diseñas? «Diseño emociones intensas, palabras, sentimientos y luego los convierto en materiales nobles». ¿Y para quién son esos diseños que haces? «Para quien los pueda pagar, sobre todo grandes señores feudales, obispos, barones.». ¿Y los campesinos? «Como te indiqué anteriormente sufro mucho por ellos, sí, mucho, sobre todo antes del té matcha».
¿Sabes que, en la actualidad, o sea, ahora, no en el siglo XIV, existe un grave problema con la vivienda? «Sí, puede que haya oído algo al respecto». Tú, como arquitecto, ¿qué propones? «Propongo sonreír, propongo abrazos, propongo abrir el corazón, vestir el mundo de colores vibrantes, de madera, de mármol». ¿Y algo más concreto? «No, no, el concreto no, es un material muy desagradable, yo nunca trabajo con concreto, soy Brendan Wonderer, joder».



